La Federación de Contratistas Agrícolas ha lanzado una seria advertencia sobre la insostenible situación que atraviesa el sector. Los constantes y elevados incrementos en el precio del gasoil están erosionando dramáticamente la rentabilidad de sus operaciones, poniendo en jaque la continuidad de servicios esenciales para el campo argentino.
Impacto Crítico del Gasoil en el Corazón del Agro
El sector de contratistas agrícolas, pilar fundamental para la producción agropecuaria, se encuentra en estado de alerta máxima. La escalada incesante en el precio del gasoil, combustible vital para la maquinaria pesada, está generando un escenario de profunda preocupación que amenaza la viabilidad económica de miles de operadores en todo el país, con repercusiones directas en la cadena de valor alimentaria.
Según declaraciones de «Fredy» Simone, presidente de la Federación de Contratistas, la situación es crítica y se agrava día a día. «Estamos recibiendo aumentos del gasoil todos los días», afirmó Simone, subrayando la imprevisibilidad y la presión constante sobre los costos operativos. Esta dinámica de subas diarias hace imposible una planificación económica a mediano plazo y fuerza a los contratistas a operar con márgenes de ganancia cada vez más reducidos, tal como lo expresó: «Es preocupante, la rentabilidad se achica cada vez más».
Simone detalló con precisión el impacto directo de estas alzas en la estructura de costos del sector. «Cada 10% que sube en el surtidor, es un 3% extra para nuestros costos», ejemplificó el presidente de la Federación, ilustrando cómo un incremento que podría parecer marginal en el punto de venta se traduce en una carga significativa para la economía de los contratistas. Esta relación directa entre el precio del combustible y los costos operativos explica la alarma del sector, que ve cómo su capacidad de inversión y subsistencia se ve comprometida.
La función de los contratistas agrícolas es insustituible para el modelo productivo argentino. Son los encargados de realizar tareas cruciales como la siembra, la pulverización y la cosecha, operando la maquinaria especializada que permite llevar adelante la producción en los campos de manera eficiente y a gran escala. Su dependencia del gasoil es casi total, lo que los convierte en uno de los sectores más vulnerables a las fluctuaciones de este insumo clave. En un contexto económico donde los costos de los insumos dolarizados ya son altos, la inestabilidad del precio del combustible añade una capa adicional de incertidumbre y presión, afectando directamente la cadena de valor agroindustrial y, en última instancia, la disponibilidad y el precio final de los alimentos para el consumidor.

