Estafa en Villa María: la trampa detrás de una falsa adopción

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Detrás de cada intento de adopción de un animal suele haber un deseo de sanar, de completar la casa o de llevar alegría a un hogar. Sin embargo, esta noble intención puede convertirse en la puerta de entrada a una trampa y terminar en una profunda desilusión. Esto fue lo que le ocurrió a Marcela, una vecina de Villa María para quien la búsqueda de una nueva mascota significaba, fundamentalmente, volver a empezar después de haber atravesado una tormenta inmensa de salud y pérdidas familiares.

La mujer, quien recientemente superó un trasplante de médula ósea a causa de una leucemia, sufrió de manera consecutiva la pérdida de sus dos perritas: la primera falleció de cáncer y la segunda, apenas siete meses después, decayó de tristeza por la ausencia de su compañera. Con una hija pequeña en casa, la familia sentía que un nuevo integrante de cuatro patas traería el impulso y la compañía necesarios para salir adelante. Fue en medio de esa búsqueda activa en la plataforma Marketplace de Facebook donde apareció la primera señal de lo que terminaría siendo una estafa.

La fachada de los cachorros salchicha y el engaño de las vacunas

La familia realizó el contacto inicial con un usuario que ofrecía perros en adopción y la conversación continuó luego a través de WhatsApp. Para ganarse rápidamente la confianza de las víctimas, el supuesto dador envió fotografías de unos cachorros de raza salchicha. Según relató Marcela, el hombre afirmó ser oriundo de la provincia de Chaco pero con residencia actual en Villa María. El argumento para solicitar dinero en efectivo parecía sumamente creíble para quienes actúan de buena fe: solicitaba únicamente cubrir la mitad del costo de las vacunas que supuestamente ya les había aplicado a los animales, lo que sumaba un total de 35.000 pesos.

«A pesar de que insistimos en entregar la plata en mano al momento de la entrega, la constante presión y la acusación del hombre sobre una presunta falta de confianza quebraron las dudas», explicó la damnificada.

Con el deseo urgente de dar la bienvenida al cachorro, Marcela intentó transferir el dinero a un primer alias que el sujeto le brindó. Al no poder concretar la operación por inconvenientes en la plataforma, el estafador le facilitó un segundo alias. Finalmente, la mujer le transfirió la suma de 15.000 pesos, una transacción que quedó registrada en un comprobante donde figuran el nombre, CUIT y CBU del destinatario.

Llamadas de madrugada y una presión asfixiante

A partir del momento en que se realizó el primer depósito, la presión del supuesto vendedor se volvió asfixiante. Durante dos días consecutivos se sucedieron llamadas e insólitos pedidos de dinero a cualquier hora —incluso a las cuatro y media de la mañana— bajo el pretexto de falsas emergencias, como la pinchadura de una rueda para la cual el sujeto aseguraba necesitar 8.000 pesos adicionales.

El perfil de redes sociales desde el cual operaba el estafador mostraba fotografías y una vida social activa, una fachada que no despertó sospechas inmediatas en la familia. Aunque muchas de las conversaciones se daban en horarios insólitos para este tipo de trámites, la necesidad y la ilusión familiar postergaron las alertas.

El triste desenlace en una esquina de la ciudad

La verdad se reveló de forma amarga en la mañana del miércoles 29 de julio. A las 10:00 horas, el esposo de Marcela acudió a la dirección pactada para retirar al cachorro, en la esquina de Bulevar Alvear y Simón Bolívar. En el lugar no había nadie. Tras intentar llamarlo repetidamente sin obtener respuesta, confirmaron que el hombre no volvería a dar señales de vida. La estafa se había concretado.

Para la familia, el golpe más duro no pasó por la pérdida económica, sino por la vulneración de su confianza y la absoluta falta de empatía en un momento de extrema fragilidad emocional. Tras la amargura del hecho, Marcela decidió hacer pública su situación para alertar a la comunidad villamariense: cuando se trata de adoptar un animal de manera genuina, no debe haber transacciones de dinero de por medio, ya que la verdadera adopción nace del deseo desinteresado de dar un hogar.

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