A los 49 años, Manuel Vinzon demostró que el compromiso con la superación personal no entiende de plazos. Tras haber abandonado las aulas hace más de tres décadas para insertarse en el mercado laboral, decidió retomar la educación secundaria en el CENMA MAO y, gracias a su desempeño, fue designado primer escolta de la bandera de Villa María, un reconocimiento que enorgullece a la comunidad educativa local.
De lunes a viernes, Vinzon asiste a la institución ubicada en la esquina de Estados Unidos y Santa Fe (Estados Unidos 111). Su vida cotidiana, compartida junto a su compañera Natalia en su hogar, refleja la serenidad de quien ha superado momentos complejos para cumplir una deuda pendiente con su propia historia.
El mandato del trabajo y el afán de superación personal
La historia de Manuel dio un giro crucial a los 15 años, cuando las exigencias de la vida lo llevaron a postergar su formación. Según relata, comenzó a trabajar como cadete a bordo de una moto repartiendo viandas y pizzas mientras intentaba continuar en las aulas. Sin embargo, las responsabilidades laborales terminaron imponiéndose.
“Dejé la escuela en cuarto año para empezar a laburar. Después de ser cadete conseguí trabajo en una farmacia, después en una droguería, laburé toda mi vida”, recuerda sobre aquella etapa. Aunque desarrolló una extensa trayectoria profesional, la idea de completar la secundaria permaneció constante: “Siempre fue una materia pendiente terminar el colegio”.
Oriundo de Concepción del Uruguay, Entre Ríos, Vinzon se radicaría años más tarde en la vecina localidad de Villa Nueva, a donde llegó en 2018 impulsado por una oportunidad laboral en el ámbito privado junto a su pareja.
De la crisis laboral al impulso familiar para el regreso
El punto de quiebre para concretar el regreso a los libros se dio tras una difícil decisión personal. Después de desempeñarse durante años como encargado de sucursal de una empresa, con personal a su cargo y un alto nivel de exigencia cotidiana, decidió renunciar. A este escenario de incertidumbre se sumó un período de aislamiento y la lamentable pérdida de su madre.
En ese contexto, el sostén de su entorno afectivo resultó determinante. “En ese momento, el principal puntal fue mi señora, que me insistió para volver a estudiar, y así fue como por intermedio de una amiga suya que trabaja en el CENMA arranqué”, explica. No obstante, el inicio no estuvo exento de dudas internas. “Convivía con el prejuicio y el miedo de que piensen ‘qué hace este con 50 terminando la secundaria’”, confiesa.
Pese a las aprehensiones iniciales, la integración al CENMA MAO le permitió descubrir un espacio plural. Allí entabló vínculo con alumnos de diversas edades y docentes jóvenes a quienes, según expresa, también pudo aportar la visión acumulada en sus años de trabajo. A nivel académico, debió afrontar exámenes pendientes desde el año anterior para regularizar su situación curricular. “Hay momentos en los que todavía me cuesta un montón, pero le meto para adelante, con el apoyo de los profes, hay muchos que nos ayudan”, destaca, haciendo una especial mención al acompañamiento diario de la preceptora Eugenia Possetto.
El orgullo patrio y los nuevos proyectos en el horizonte
El esfuerzo y la constancia de Vinzon tuvieron una recompensa inesperada cuando las autoridades de la institución lo eligieron primer escolta de la bandera de Villa María. El estudiante ya tuvo su primera participación oficial durante el acto por el Día del Profesor y se alista para representar a la institución en las ceremonias protocolares conmemorativas de la ciudad.
Inspirado por este logro, Manuel expandió sus horizontes de formación: actualmente cursa un trayecto de ayudante de administración dentro del CENMA, prevé realizar capacitaciones de oratoria —incluso averiguando propuestas en la Universidad Nacional de Villa María (UNVM)— y lleva adelante un emprendimiento propio de remeras estampadas denominado “El club de las remeras”.
La emotiva carta de gratitud tras asumir la bandera
A través de las plataformas digitales de su emprendimiento, Vinzon hizo pública su emoción tras ser distinguido con el paño patrio, dedicando el logro a su familia y a la institución que le abrió las puertas.
“Hace 32 años dejé la secundaria para trabajar y seguir adelante con la vida. Pasaron los años, llegaron responsabilidades, familia, trabajo y muchas cosas más, hasta que decidí volver a estudiar. Hoy, a los 49 años, estoy terminando aquello que había empezado hace 32. Y poder jurar la bandera como primer escolta es un orgullo y una emoción enorme”.
En su mensaje, además de agradecer el apoyo incondicional de sus hijos y de su esposa Natalia, dirigió unas palabras al joven que fue más de tres décadas atrás: “Hoy miro esta foto y pienso en aquel pibe que dejó la secundaria hace 32 años. Y siento que le estoy cumpliendo una promesa. Orgulloso del camino. Orgulloso de no haber bajado los brazos”.

