Hay camisetas que no son solo tela; son herencias que pasan de mano en mano, de abuelos a nietos, resistiendo el paso del tiempo. En Villa Nueva, esa herencia lleva un siglo entero latiendo con fuerza. Con más de 300 miradas cargadas de memoria y orgullo, el Club Atlético Leandro N. Alem celebró sus 100 años de vida en una noche donde el pasado glorioso y el presente se fundieron en un solo abrazo tricolor.
El reencuentro de las glorias y la mística del León
La velada no fue simplemente un acto protocolar, sino un viaje a través de las décadas. En el evento confluyeron dirigentes, autoridades, familias enteras, socios e hinchas de todas las épocas. Entre los aplausos y las anécdotas compartidas, las viejas y las actuales glorias del «León» se reencontraron para recordar que la grandeza de un club no se mide únicamente en trofeos, sino en las huellas que sus protagonistas dejan en la comunidad.
El pulso más emotivo de la noche se vivió con la entrega de placas y distinciones. Cada nombre evocado y cada homenaje sobre el escenario trajo de regreso momentos de sacrificio, alegrías y anécdotas que definen la identidad de Villa Nueva. Fue el reconocimiento vivo a quienes sostuvieron la institución con esfuerzo invisible: cuerpos técnicos, colaboradores, futbolistas de distintas eras y familias que nunca dejaron de empujar.
Unidad dirigencial y el rol social como bandera
Durante el encuentro, las palabras de los principales referentes institucionales y políticos coincidieron en un punto central: el rol insustituible de Alem como formador, refugio y espacio de pertenencia para generaciones de jóvenes a lo largo de un siglo de historia deportiva y social. En este sentido se expresaron el presidente de la institución, Daniel Bazán; el intendente de Villa Nueva, Ignacio Tagni; el titular del Cosedepro, Marcelo Frossasco; y el presidente de la Liga Villamariense de Fútbol, Lucas Martinetti.
Con esta emotiva cena de gala, Alem cumplió cien años reafirmando la mística de su gente. Se consolidó así un siglo de pasión compartida, sacrificios y lealtad a los mismos colores que hoy siguen marcando el camino, demostrando que el rugido del León sigue tan vigente y firme como el primer día en la vecina ciudad.

