En el marco de las celebraciones por el Día del Maestro, la comunidad de Villa María redescubre historias que inspiran desde el aula y el hogar. Karina Cagnolo es el reflejo de una vida dedicada a la educación, la superación personal y la crianza. Madre de ocho hijos y abuela de cuatro nietos, ha logrado amalgamar durante 35 años sus roles de madre, trabajadora y estudiante incansable. Recientemente jubilada de la actividad escolar en 2025, actualmente continúa cursando dos carreras de grado y posgrado con la misma convicción que el primer día.
El desafío de empezar de cero en Villa María
La historia de Karina en la región comenzó en 2018, cuando se trasladó desde Buenos Aires debido al traslado laboral de su esposo. Aquella mudanza implicó dejar atrás dos décadas de trayectoria profesional consolidada en territorio bonaerense para insertarse en un nuevo circuito laboral y académico.
En diálogo con Villa María VIVO, la docente recordó el impacto de aquel cambio de vida y cómo la ciudad cordobesa la cobijó en sus aspiraciones:
“Llegar acá significó dejar atrás 20 años de carrera construida en Buenos Aires; vine literalmente con una mano adelante, otra atrás y un montón de papeles y carpetas, como cualquier docente que cambia de provincia. Al principio fue muy difícil arrancar de cero, hacerse un lugar y lograr que te conozcan en un medio nuevo. Sin embargo, en Villa María encontré personas maravillosas. Tanto las colegas docentes del Nivel Inicial como en la Universidad Nacional de Villa María, donde me abrieron las puertas, me dieron una oportunidad enorme y pude compartir hermosos años de trabajo. Hoy Villa María forma parte fundamental de mi vida y del camino que sigo recorriendo”.
Estudiar en las aulas con los hijos en los bancos de atrás
La trayectoria académica de Cagnolo dista de ser lineal. A lo largo de su vida ha cursado cinco carreras, además de diplomaturas y especializaciones, transitando gran parte de ese proceso acompañada físicamente por sus hijos en los espacios de cursada. Evoca con nitidez sus años en el Instituto Riglos de Buenos Aires, donde realizó el Profesorado de Nivel Inicial embarazada de una de sus hijas y con otras dos sentadas en el aula, una escena que se repitió años más tarde en la universidad mientras cursaba la Licenciatura en Trabajo Social junto a sus hijos Lautaro y Selene.
La flexibilidad de la educación virtual y a distancia fue un soporte clave para su desarrollo. Así fue como se graduó como Técnica en Seguridad e Higiene. Durante el aislamiento social de 2020, desempeñándose como tutora docente para el Instituto Superior de Estudios Pedagógicos (ISEP), rindió el examen final de la actualización en Gestión Educativa a los pocos días de haber atravesado una operación de cesárea. Actualmente, mantiene su rutina de estudio cursando una licenciatura y una especialización en materia ambiental.
“Por eso les diría que no se dejen en segundo plano: criar y buscar la realización personal es un camino complejo, pero nuestros sueños importan”, reflexiona Karina, interpelando a las mujeres que buscan equilibrar la vida familiar con el desarrollo profesional.
La maternidad como motor y no como límite
Frente al debate histórico sobre las dificultades de conciliar la crianza con las metas individuales, Cagnolo rechaza la idea de que los hijos constituyan un freno para el crecimiento personal. No obstante, evita caer en discursos simplistas que ignoran las desigualdades estructurales y la falta de redes de contención.
Para la educadora, la clave radica en desmitificar la exigencia del éxito inmediato y validar los tiempos de cada mujer:
“Los hijos son una motivación enorme, pero jamás le diría a otra mujer que todo es fácil o que alcanza solo con tener ganas. Criar lleva tiempo, energía y recursos, y no todas contamos con las mismas condiciones ni redes de apoyo. A quienes sienten que la maternidad las limita, les diría que ser madres no nos quita el derecho a tener proyectos propios. A veces hay que ir más despacio, pedir ayuda o reaprender a manejar los tiempos. Poner una pausa o postergar algo no significa fracasar”.
Su principal motor fue transmitir un mensaje de autonomía a su descendencia, especialmente a sus seis hijas mujeres, demostrándoles que es posible alcanzar la realización profesional. «Estudiar para vos, para abrirte la cabeza, para tomar tus propias decisiones y para tener las herramientas de plantarte ante cualquiera y decir lo que pensás», sostiene sobre el legado familiar.
Un legado familiar de profesionales independientes
El esfuerzo familiar dio frutos visibles en las trayectorias de sus hijos, quienes siguieron el camino de la formación superior en diversas disciplinas. Melissa se desempeña como programadora y profesora de inglés; Sabrina es ingeniera química y trabaja como supervisora de calidad en la provincia de San Luis; Florencia ejerce como enfermera en el Sanatorio La Cañada; Gabriela realiza su residencia de Urología en un hospital de la ciudad de Córdoba; Marisol cursa la carrera de Contador Público en la Universidad Nacional de Moreno; Lautaro estudia Mecatrónica en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN); Selene se dedica a la música y su hijo menor, de cinco años, asiste al Colegio Santísima Trinidad.
A pesar de haberse jubilado del sistema educativo formal, Cagnolo continúa en plena actividad a través de su labor en una consultora y brindando apoyo pedagógico a colegas y estudiantes universitarios de la UTN. Su historia, lejos de presentarse como una fórmula de «esfuerzo extremo» o sacrificio ciego, busca ser un faro de posibilidades reales para que otras mujeres reclamen sus propios espacios de desarrollo.

