Nicolás Paviolo tiene 25 años, es oriundo de la localidad de Etruria y, durante su etapa de formación profesional, adoptó a Villa María como su hogar. Graduado en Turismo, el joven logró transformar su profunda curiosidad por la geografía y las diversas culturas en un estilo de vida que hoy lo mantiene lejos de la Argentina, sumergido en una enriquecedora experiencia de voluntariado en Sudáfrica.
Su bitácora de viaje no comenzó en el continente africano. El trayecto de Nicolás incluye una estadía de un año y tres meses en México, donde experimentó por primera vez la distancia familiar y el desafío de construir un camino propio. Posteriormente, su brújula lo llevó a Tailandia: lo que originalmente estaba planificado como unas vacaciones de un mes se transformó en una residencia de medio año en una isla. Según relata el propio Paviolo, la riqueza cultural del Sudeste Asiático lo cautivó de tal manera que decidió prolongar su estancia para profundizar en su conocimiento personal y abrir su mente.
El salto al continente africano de la mano de un proyecto villamariense
Hace aproximadamente tres meses, el destino de Nicolás dio un nuevo vuelco al instalarse en Sudáfrica. Esta oportunidad surgió a partir de la invitación de Matías Muñoz, un amigo también oriundo de Villa María, quien fundó una agencia de viajes especializada en conectar a viajeros con el país africano. En la actualidad, Paviolo se desempeña relevando distintos destinos turísticos y participando activamente en voluntariados enfocados en la conservación de la fauna autóctona y el desarrollo de tareas sociales.
Entre sus actividades cotidianas más destacadas, el joven cordobés ha colaborado brindando clases a niños en una escuela rural de la zona. Sin embargo, el contacto estrecho con la naturaleza salvaje es lo que define su rutina actual. En una de sus recientes jornadas de exploración junto a Victoria, una bióloga que lo acompaña en el proceso, Nicolás pudo avistar una familia de hienas tras recorrer durante una hora y media un parque nacional ubicado a escasa distancia de su base de voluntariado.
“Encontramos una familia de hienas y es una locura realmente tener esto al alcance de nuestras manos estando solamente a media hora del lugar donde estamos voluntariando”, relató con entusiasmo a Villa María Vivo.
La lucha contra la caza furtiva y el impacto de la diversidad cultural
Una de las realidades que más ha impactado a Nicolás es la relación de la población local con los animales salvajes y los desafíos ambientales que enfrenta la región. En Sudáfrica, la convivencia diaria con especies exóticas es tan habitual que, según el joven, a veces se pierde la dimensión de su valor, lo que contrasta con las intensas campañas de preservación activa.
“Acá se normaliza tanto el tener estos animales cerca que se les pierde el sentido del cariño por los animales, y hoy en día se está peleando mucho en contra de lo que es la caza furtiva, más que nada de elefantes y rinocerontes”, explicó el voluntario.
Además del plano ambiental, el aspecto multicultural del país representa un constante aprendizaje para el etruriense. Sudáfrica cuenta con un total de 11 idiomas oficiales, una particularidad que se refleja en la capacidad de sus habitantes para expresarse con fluidez en tres o cuatro lenguas de manera cotidiana.
El desafío emocional de cruzar las fronteras locales
A pesar del recorrido acumulado en América del Norte y Asia, Nicolás no duda en señalar a Sudáfrica como el territorio que mayor impacto emocional ha causado en su vida. Para el joven, la experiencia en el territorio africano ha superado cualquier expectativa previa, movilizando sus fibras más íntimas en un lapso de tiempo muy acotado.
“De los lugares que visité, el que más sorpresas me llevó es Sudáfrica porque en el corto tiempo que estuve acá me hizo ver cosas que jamás imaginé ver en mi vida, me llevó las emociones a flor de piel”, confesó.
Respecto a los temores habituales que enfrentan quienes evalúan la posibilidad de emigrar o realizar viajes de larga duración, Paviolo enfatiza que el principal obstáculo es de carácter mental. Desde su perspectiva, una vez que se concreta el primer paso administrativo y logístico, las incertidumbres secundarias se disipan ante la fuerza de la experiencia en el destino.
“Lo más difícil de emigrar es tomar la decisión de hacerlo, la primer decisión; cuando ya lo tomás y lo hiciste, el resto de dudas e inquietudes es lo que más rápido se resuelve. Lo más difícil es comprar el vuelo, salir de tu casa; una vez que estás afuera ya está, es forzarte, empujarte, todas las decisiones que tomes de ahí en adelante te llevan a cumplir sueños”, concluyó.

