La realidad de A.N., una vecina de 32 años de barrio Los Olmos, expone la cruda vulnerabilidad de la maternidad en soledad. En un departamento del sector, la mujer enfrenta el cuidado exclusivo de sus hijas mellizas de un año y medio, en una rutina diaria marcada por la falta de recursos básicos como pañales, leche y alimentos. Las enfermedades frecuentes de las pequeñas le impiden sostener un empleo estable, transformando su cotidianidad en una trinchera donde las respuestas institucionales y familiares no llegan.
Un nacimiento en soledad y la exigencia de un ADN
La historia con el progenitor de las niñas, D.A. (26 años), comenzó con un noviazgo breve que se disolvió ante la noticia de la paternidad. «Él desapareció, no estuvo en el nacimiento», relata la madre, detallando que las bebés debieron ser inscriptas únicamente con el apellido materno. Aunque existió un reencuentro intermitente cuando las menores tenían cinco meses, el compromiso del padre se diluyó rápidamente.
La situación de desprotección se agravó el pasado mes de julio, cuando una de las mellizas debió ser internada de urgencia en el Hospital Regional Pasteur tras sufrir convulsiones. Según el testimonio de A.N., la presencia y asistencia paterna volvieron a estar ausentes en ese momento crítico. Ante los insistentes reclamos de manutención, la respuesta del progenitor ha sido la exigencia de una prueba de ADN, una medida que la madre interpreta como un escudo y una estrategia dilatoria para desentenderse de la cuota alimentaria y de sus obligaciones más elementales.
La escalada judicial y una restricción de contacto vigente
El conflicto familiar terminó por trasladarse a los tribunales locales. El pasado 5 de agosto, se radicó una denuncia en la Unidad Judicial por supuesta violencia familiar. Como consecuencia de esta presentación, el Juzgado de Niñez, Adolescencia, Violencia Familiar y Penal Juvenil intervino dictando una medida cautelar que fijó una prohibición recíproca de acercamiento y contacto por el término de tres meses.
«Ellas van a crecer sin él», reflexiona la mujer, quien decidió visibilizar su caso en redes sociales como un reflejo de la realidad que atraviesan muchas madres que crían solas.
Solidaridad y búsqueda activa de empleo en Villa María
Ante la urgencia económica y la necesidad de garantizar la dignidad de sus hijas, A.N. ha iniciado una búsqueda activa de empleo compatible con sus tareas de cuidado, apelando también a la solidaridad de la comunidad villamariense. Quienes deseen colaborar con alimentos, pañales o coordinar alguna oportunidad laboral, pueden ponerse en contacto directo con ella a través del teléfono 353-4130997.

