Tiene 55 años, 3 hijos y está a un paso de recibirse en la UNVM

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¿La novedad son los años o es el deseo de cumplir con el sueño que tuvo que postergar? La pregunta atraviesa con fuerza la historia de Mariana Muller, una vecina de Villa María de 55 años, madre de tres hijos y estudiante de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), quien se encuentra en la recta final para convertirse en licenciada en Lengua y Literatura. Su camino hacia el título universitario es el reflejo de una vocación que resistió al tiempo y a las prioridades familiares.

Los libros como refugio de la infancia y el peso de la postergación

La estrecha relación de Mariana con las letras comenzó en su niñez. Debido a una condición de salud que atravesó durante su infancia, muchas de las actividades físicas habituales para una niña no eran posibles para ella. En ese contexto de limitaciones, los libros se convirtieron en su compañía incondicional.

«No podía hacer muchas actividades y entonces leía. Desde muy chiquita mi vida fueron los libros»

, recuerda con nostalgia, definiendo lo que más tarde se transformaría en su gran meta: «Esta es una carrera que yo siempre quise hacer».

Antes de radicarse en Villa María, Mariana residía en Córdoba Capital. Aunque en la Docta disponía de la oferta de la universidad pública, las exigencias de la vida cotidiana dilataron el inicio de sus estudios. Las grandes distancias urbanas, las obligaciones laborales y la dedicación que requería la crianza de sus tres hijos hicieron que aquel anhelo quedara guardado en un cajón de pendientes.

El traslado a Villa María y el apoyo de una familia que creció

La llegada de la familia a Villa María se produjo a raíz de una propuesta laboral para el esposo de Mariana. La decisión de mudarse también estuvo motivada por la búsqueda de una ciudad que consideraban más segura y amigable para el desarrollo de sus hijos. Con el transcurso de los años, aquel dinámico proyecto familiar fue madurando; los tres niños que demandaban la mayor parte de su tiempo y atención se transformaron en jóvenes que hoy estudian y trabajan de forma independiente.

Cuando Mariana finalmente tomó la decisión de inscribirse en la universidad y se lo comunicó a su entorno, la respuesta fue inmediata y unánime.

«Cuando les conté que iba a empezar la universidad se pusieron contentos y hoy les da orgullo, como una sensación de bienestar, de que su mamá puede hacer lo que tanto le gusta»

, relata sobre el respaldo de sus hijos, quienes se convirtieron en sus principales impulsores.

El reto de convivir con la diferencia generacional en las aulas

Decidir cursar una carrera universitaria pasados los 50 años implicó para Mariana derribar sus propios prejuicios y temores iniciales. La marcada diferencia de edad con el resto de sus compañeros de cursado se presentaba como el principal obstáculo mental. Ante la incertidumbre, su primera idea fue rendir las materias de forma libre para evitar la exposición, pero el consejo clave de una amiga la hizo cambiar de opinión: «Te va a costar un montón, andá a clases», le advirtió.

Fue así como en el año 2023 se matriculó formalmente en la UNVM. La experiencia real dentro del aula derribó rápidamente cualquier barrera que hubiese imaginado.

«Al principio yo dije: bueno, no importa, vengo, estoy en la clase, hago mis cosas y me voy. Y el tiempo me fue mostrando que sí podía relacionarme con ellos»

, rememora sobre un proceso de integración que superó todas sus expectativas.

Nuevos horizontes y la certeza de que nunca es tarde

El paso por la universidad pública local terminó transformándose en una experiencia que trascendió lo estrictamente académico. Mariana destaca el profundo acompañamiento que sintió por parte de la comunidad educativa y cómo el intercambio diario con las nuevas generaciones enriqueció su perspectiva personal.

«A mí me abrió nuevos horizontes en mi forma de pensar, en mi forma de relacionarme y, si bien yo tengo hijos jóvenes, la universidad es tan diversa que también me dio la posibilidad de conocer muchas realidades»

, reflexiona.

A las puertas de recibir su título de Licenciada en Lengua y Literatura, Mariana Muller resignifica el paso del tiempo y desafía los límites preestablecidos sobre la productividad y la edad.

«A veces uno piensa que en ciertas etapas de la vida ya vas cerrando capítulos; sin embargo, volver a estudiar me permitió escribir un capítulo nuevo. Y ahora me digo, todavía tengo una historia más para contar»

, concluye con emoción, demostrando que los proyectos de vida no tienen fecha de vencimiento.

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